Niños adictos al videojuego: ¿qué hacer para desintoxicarlos?

ecialista, es poner límites a los niños, fijarles horarios y hacerles notar los riesgos a que se exponen.

Si el problema se sale de control, por la ausencia de esos límites, entonces hay que tomar medidas para corregir la situación y, de ser necesario, buscar ayuda profesional.

Guardadas las proporciones, el proceso de “desintoxicación” es similar al que lleva un adicto a cualquier droga.

Como vivir en la prehistoria

La importancia que tienen internet, las redes sociales y las plataformas tecnológicas en la vida de mucha gente –incluyendo los niños– queda en evidencia con una frase que asoma en la Primera Encuesta 2020 de Usuarios de Servicios de Telecomunicaciones, del Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT).

“No utilizar estas aplicaciones sería como vivir en la prehistoria”, se indica ante la pregunta sobre los motivos del uso de las aplicaciones digitales.

Cada vez más internautas infantiles

En su más reciente estudio sobre los hábitos de los usuarios de internet en México, la Asociación de Internet MX indica que el 12% de los internautas en el país son niños de seis a once años de edad.

El 14% de los usuarios son adolescentes de 11 a 17 años.

Considerando ambas estadísticas, el 26 por ciento de los internautas en México son menores de edad, una proporción mayor que el grupo de 18 a 24 años, que son el 18%.

No se incluye en el estudio a menores de seis años, aunque, por sorprendente que parezca, en este grupo aparecen también usuarios de internet, generalmente de juegos.

El control en la era digital

Cuando se pierde el control de esas herramientas tecnológicas en manos de niños y adolescentes, ¿qué hacer?

De entrada, subraya la licenciada en Psicología Xóchilt Alcocer, estamos creciendo con niños y adolescentes que viven la era digital. Los adultos no están acostumbrados a eso y les saca de balance el manejo de un niño que está en contacto con un medio electrónico, ya sean videojuegos, redes sociales u otros.

“Hay edades en las que el niño puede estar en contacto con estos medios electrónicos”, subraya. “Esto es sumamente importante porque ahora me toca ver niños con estos dispositivos en edades muy tempranas”.

“Para que un niño crezca sano no debe tener contacto con medios electrónicos antes de los seis años. De los 6 a los 10 años pueden empezar a tenerlo”.

Xóchilt Alcocer Mézquita, máster en Intervención en Violencia y Abuso Sexual Infantil

Ayuda en el desarrollo de habilidades

La especialista insiste en que no se debe satanizar ni a los videojuegos ni a las redes sociales. Incluso, dice que los juegos electrónicos pueden ayudar a desarrollar ciertas habilidades en los niños, así como las redes sociales contribuyen a generar una socialización.

“Cuando nosotros éramos adolescentes necesitábamos esa socialización, solo que lo hacíamos  de otra manera. Ahora el joven lo hace por medio de las redes sociales”, abunda. “Lo que tenemos que determinar son los riesgos que hay dentro de esas redes y los videojuegos y limitar el tiempo que el joven  o el niño les dedican”.

Dos horas cuando mucho para el juego

Lo que se debe hacer, recalca, es imponer dos horas cuando mucho para los juegos electrónicos y las redes sociales a los niños de 6 a 10 años.

Con varios diplomados en el tema y con especialidad en niños y adolescentes, la entrevistada indica que en 2018 la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró la adicción a los videojuegos como una enfermedad.

Y en el caso de los adolescentes, agrega, la declaró como una enfermedad del desarrollo, porque el hecho de estar mucho tiempo frente a un ordenador electrónico, o frente a un videojuego, hace que los niños y jóvenes dejen de hacer  tareas del desarrollo propias de su edad.

Semáforo de alerta

A una pregunta, detalla cuáles son las señales que deben advertir las familias en los niños que están en riesgo de caer en la adicción a los videojuegos:

–Una  es la ansiedad, cualquier situación en la que el niño sienta que no puede estar cerca del videojuego sin experimentar esa sensación.

Cambios radicales de conducta. El niño empieza a ser antisocial. No quiere ir con los amigos, no quiere salir y no quiere comer con la familia, porque prefiere estar todo el tiempo sentado frente al ordenador.

–Insomnio. Muchos niños empiezan a experimentar  incapacidad para dormir, porque los videojuegos tienen excesiva estimulación cognitiva. Es decir, son demasiadas luces que generan un sobreestímulo y aleja el estado de sueño.

–Violencia. Los niños empiezan a portarse muy violentos o enojados cuando se les dice que ya no pueden jugar. Incluso, pueden llegar a adoptar conductas agresivas con las personas que les impiden el contacto con el juego.

–También se puede presentar trastornos de la alimentación, pero uno de los más preocupantes es cuando el menor comienza a perder el contacto con la realidad.

Cuando pierden la noción de la realidad

“He tenido pacientes que reportan o dicen que miran a los personajes (de los juegos) en todo momento, o que cierran los ojos y ven a los personajes, o que no pueden dormir o tienen pesadillas relacionadas con esos personajes”, señala la maestra Alcocer Mézquita. “Ya no saben cuándo están en el juego y cuándo están en la vida real”.

“Es una de las señales más preocupantes y debemos estar alertas los papás, porque generalmente el niño no quiere decir qué está pasando por miedo a que le quiten el videojuego”.

Pasos que se deben dar

La experta dice que si los padres se dan cuenta de que el niño ya está pasando mucho tiempo ante un videojuego es importante dar los siguientes pasos:

–El primer paso es empezar a poner límites de tiempo. Estamos hablando de dos horas diarias cuando mucho para que el  niño pueda jugar. Después de ese tiempo el menor debe estar fuera de cualquier contacto electrónico.

–Quiero hacer un paréntesis. En muchos casos me ha pasado que los papás dicen: “Bueno, que no juegue el  Xbox (en esas dos horas)”, pero el niño se desconecta del Xbox las dos horas y se conecta al teléfono o a la tableta. Entonces estamos hablando de que no estuvo conectado dos horas, sino cuatro.

A buscar otras actividades

Además de reducir el tiempo, hay que estimular otras actividades que le pueden resultar atrayentes al niño:  vamos a jugar afuera, vamos a jugar la pelota, vamos a ver una película en familia…

–Si con esas dos medidas principales vemos que el niño no responde, que sigue muy renuente a dejar el juego, entonces es muy importante acudir cuanto antes con un profesional que ayude en el proceso de desintoxicación.

–Es muy llamativo que los niños presentan síntomas muy parecidos a los de la adicción a cualquier tipo de droga. Presentan el mismo síntoma de abstinencia cuando les quitamos el videojuego, es decir, hay cambios de conducta,  no poder dormir porque no los dejamos jugar…. Es muy parecido.

–El tiempo de tratamiento depende de cada caso. Hay niños que responden muy rápido, encuentran otras cosas que les atraen y bajan el nivel de tiempo del juego.

Cuidado con el estímulo excesivo

–Hay papás que son muy hábiles para poner los tiempos, para cerrar el juego y entretener al niño en otras cosas, pero ojo: no es responsabilidad del papá entretener al niño y buscarle una y otra cosa que hacer, porque eso es sobreestimularlo. El niño tiene que buscar qué hacer. Es el arte de aburrirse y crear. Es decir, estoy aburrido, ¿qué hago? Juego con mis juguetes, leo un libro…

Los niños no son capaces de regularse solos. En algunas cosas difícilmente van a decir: “Ya tengo dos horas” y asienta el juego. He atendido pequeños pacientes que sí lo logran. Manejamos métodos cognitivos conductuales, o métodos de recompensa. Cuando el niño obedece se le da una recompensa diferente o se le concede más tiempo el fin de semana por haber respetado los límites. Y los niños sí logran decir: “Ya es mi tiempo”.

–¿Cuándo decimos que ya está listo? Cuando le decimos: hasta aquí llegó el tiempo, y el niño no se enoja, lo acepta. Y cuando lo deja es capaz de hacer otras actividades igual de atractivas para él.

Edades que no les corresponden

La licenciada Xóchilt Alcocer hace notar que un problema frecuente es que los niños manejan juegos que no son acordes con su edad, a pesar de que ésta viene especificada en los productos.

El mismo problema, agrega, se presenta en las redes sociales. El ejemplo más claro es Facebook, que fija una edad para ser usuarios de la red, pero esto no se respeta y buena parte de sus usuarios son menores.

“Desde allí estamos abriendo una puerta a los niños, un área para la cual no están preparados”, apunta. “Hablando de las redes sociales, detrás de ellas hay muchísimo peligro, hay pedófilos, personas tratando de ponerse en contacto con todo tipo de niños”.

“Hay redes de trata de niños, hay redes de prostitución a las que estamos abriendo las puertas de nuestras casas al no tener una vigilancia constante…”

“Mi área de trabajo es infantil y juvenil, y es muy importante que los papás sepan que las redes y los videojuegos no son malos siempre y cuando haya un ojo adulto vigilando su uso”.

Herramientas para socializar

Al abundar sobre los aspectos positivos de esas herramientas dice que en la actualidad las redes sociales y los videojuegos con chat son un eficaz auxiliar de niños y adolescentes, sobre todo para socializar.

“Al no poder salir (por la pandemia del Covid-19), están en línea con otros chicos y con eso estamos previniendo una depresión, estamos previniendo que el niño se sienta aislado o con mucha angustia por lo que está sucediendo”, señala.

No obstante, insiste en que es importante la vigilancia, precisamente porque el niño está en un proceso de individualización.

“El problema es que detrás de las redes sociales hay cosas que él no puede controlar, sobre todo en la parte de los adolescentes”, enfatiza.

“Soy máster en intervención en violencia y lo que estamos viendo ahora es que las redes sociales son un riesgo muy alto para los niños. Detrás hay muchas personas trabajando en cadenas de prostitución, en redes de prostitución, que están buscando víctimas”.

Se vale conocer las contraseñas

En este punto subraya que no se debe dejar a los niños solos con sus contraseñas de acceso a las redes.

“Sí se vale, y se lo digo a los papás, se vale meterse, se vale vigilar, se vale decirle: ‘Vas a tener una red social, pero yo la voy a vigilar, yo tengo que ver qué publicas, tengo que regular lo que estás publicando’. ¿Por qué? Porque los niños no se dan cuenta de muchas cosas que pueden estar poniéndolos en riesgo, desde, por ejemplo, subir una foto con el uniforme de la escuela, que deja saber en qué colegio estudia, o subir una foto con sus amiguitos y poner la hora y el lugar donde está. Empiezan a ponerse en riesgo y ellos no lo entienden”.

El teléfono, con mayor riesgo

También indica que no hay distinción en cuanto al grado de riesgo de los aparatos tecnológicos.

“De hecho, el  teléfono es mucho más riesgoso que un juego de video en televisión, por algunos factores”, continúa. “El juego de video en la televisión es mucho menos privado, es decir, cuando el niño está conectado generalmente es en una sala, en un cuarto…”

“Yo no recomiendo que los niños tengan sus videojuegos en sus cuartos, sino que los tengan en una sala común, en donde todos puedan estar, o en el cuarto de papá y mamá precisamente para regular el tiempo. Y al ser público yo puedo ver lo que mi hijo está haciendo en un videojuego”.

En cambio, recalca, un teléfono es totalmente privado y el niño puede esconderse o estar en contacto con muchas personas sin que los padres tengan idea de quién es la persona con quien están hablando

El teléfono representa mayores riesgos para el niño que otros dispositivos electrónicos

Consejos para los padres

En cuanto a recomendaciones que pueda dirigir a los padres y madres de familia, la especialista dice lo siguiente:

–Vamos a dividir, para que quede mucho más claro. En niños recomiendo siempre vigilar el tipo de juegos, que sean adecuados para su edad.  También controlar el tiempo que están frente al ordenador o las redes. No hay que perder de vista que cada red social que el niño abre es una ventana a lo desconocido.

–En el caso de los adolescentes  les podemos permitir más, les podemos dar un poco de más privacidad en las redes, sin dejar de vigilar. También recomiendo algo muy sencillo: no dejar que duerman con el teléfono junto a ellos. Debemos pedirles que en la noche, a determinada hora, puedan entregárselo a mamá y papá.

Esencial la comunicación con los hijos

–Recomiendo revisar cada cierto tiempo el contenido que el chico ve en el teléfono y saber con quién está chateando o se está comunicando. Sobre todo, hay que tener  mucha comunicación con ellos en cuanto al tema de los riesgos que puede tener una red social.

–Algo que debemos tener muy presentes los padres en la era digital es que estamos viendo a jóvenes mucho más preparados que nosotros. Una actitud de satanizar las redes sociales solo abre una brecha con los hijos, una etapa en la que es sumamente difícil la comunicación.

–Una de las cosas que tenemos que hacer para vigilar a nuestros hijos de cerca es una vigilancia amable. ¿A qué me refiero con vigilancia amable? A no satanizar lo que ellos piden, porque desde que lo hacemos, desde el momento en que solo les decimos lo malo de esta era digital cortamos la comunicación y empiezan a vernos como el viejo obsoleto que no sabe nada de esto.

–Y entonces, ¿qué hace el chico? Lo esconde. Lejos de abrirnos la puerta a su mundo digital, porque es su mundo, nos la cierra.

¿A quiénes siguen? ¿Por qué?

–Hay que abrir la puerta. Hacerlo es preguntar. Por ejemplo: ¿Tienes Tik Tok? ¿Qué es Tik Tok? ¿Qué haces en Tik Tok? Vamos a averiguar, vamos a empaparnos de la vida de nuestro hijos. ¿Qué hacen en sus redes sociales? ¿A quiénes siguen? ¿Por qué les gusta seguirlos?

–La comunicación con nuestros hijos es sumamente importante. Hay que aprender a vivir en su era digital, porque ellos viven en esta era, que no va para atrás sino para adelante.

–Si no queremos perder el control de nuestros hijos tenemos que estar a la par con ellos y no crear una brecha diciéndoles que esto no es lo correcto. Es lo correcto para su vida. Solo hay que saber meterlo a la caja correcta y vigilar adecuadamente.

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