Un veleta más en Morena: ex perredista Eduardo Sobrino se sube al barco guinda rumbo a 2027

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En Yucatán, la promesa de renovación política parece haberse convertido en un reciclaje permanente de figuras que llevan décadas viviendo del erario. El caso más reciente es el de Eduardo Sobrino Sierra, histórico operador del desaparecido PRD, quien ahora encuentra cobijo en Morena, partido que en teoría nació para desterrar las viejas prácticas… pero que en la práctica parece especializarse en adoptarlas.

Durante años, Sobrino Sierra fue uno de los dueños de facto del Sol Azteca en Yucatán. No sólo ocupó posiciones plurinominales —dos veces diputado sin hacer campaña— sino que mantuvo bajo control la estructura partidista con un objetivo claro: conservar el registro para seguir recibiendo prerrogativas del INE. La militancia, las causas sociales y la ideología quedaron en segundo plano frente a la administración de recursos públicos.

Lejos de impulsar nuevos liderazgos o cuadros frescos, la dirigencia estatal de Morena opta por abrir la puerta a políticos curtidos en el pragmatismo más crudo. La apuesta parece clara: sumar operadores con experiencia electoral, aunque esa experiencia provenga precisamente de los partidos y prácticas que el discurso oficial dice combatir.

Junto a Sobrino, también aterrizó en la llamada Cuarta Transformación su antiguo aliado —y a veces rival— Alejandro Cuevas Mena, hoy diputado local guinda. Ambos formaron durante años un binomio que manejó al PRD como franquicia personal, decidiendo candidaturas, posiciones y alianzas de facto. Aunque nunca hubo coalición formal con el PRI, en más de una ocasión el perredismo yucateco terminó facilitando el camino al tricolor, fungiendo como oposición dócil o funcional según conviniera.

A ese círculo se suma otro viejo conocido: Bayardo Ojeda Marrufo, también reciclado dentro de la 4T pese a los conflictos internos, disputas por plurinominales y luchas intestinas que marcaron la etapa final del PRD local. Lo que antes eran enemigos por cuotas de poder, hoy aparecen reunidos bajo una misma bandera, unidos no por coincidencias ideológicas sino por la necesidad de sobrevivir políticamente.

La pregunta inevitable es qué mensaje envía esto a la militancia de base y a los ciudadanos que creyeron en un cambio real. Si los mismos actores que durante dos décadas administraron un partido hasta su extinción ahora son premiados con nuevas oportunidades, la narrativa de transformación se diluye y da paso a la sospecha de que el único requisito para entrar al movimiento es seguir teniendo utilidad electoral.

Con 2027 en el horizonte, todo apunta a que Sobrino Sierra está “haciendo méritos” para asegurar una candidatura, previsiblemente por la vía plurinominal que tan buenos dividendos le ha dado. Así, la historia se repite: sin territorio, sin campaña y sin rendición de cuentas, pero con acceso garantizado al presupuesto público.