Rolando Zapata Bello: 37 años viviendo del erario y sin intención de retirarse de la política

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Con casi cuatro décadas ininterrumpidas dentro del aparato gubernamental, Rolando Zapata Bello se ha consolidado como uno de los máximos exponentes de la clase política profesional que ha hecho del presupuesto público su principal fuente de sustento. A sus 58 años, el actual senador plurinominal del PRI sigue aferrado a los cargos, sin mostrar señales de retiro ni de renovación.

Su carrera en la administración pública comenzó en 1989, cuando apenas tenía 21 años, al obtener un puesto en el Infonavit. Desde entonces, Zapata Bello no ha abandonado la nómina gubernamental, construyendo una trayectoria basada en el acomodo político, el padrinazgo y la lealtad a los grupos de poder.

Dos años después, en 1991, fue designado director jurídico de la Secretaría de Desarrollo Social del Gobierno del Estado. En 1994 fue colocado como subdelegado de Servicios Sociales en el Isstey, y en 1996, bajo el cobijo de Víctor Cervera Pacheco, fue nombrado oficial mayor del gobierno estatal, consolidando su vínculo con el viejo priismo yucateco.

Carrera impulsada por el sistema

A lo largo de los años, Zapata Bello fue premiado con cargos legislativos y administrativos. Fue diputado local en dos ocasiones, en 1998 y 2004, y posteriormente escaló al primer círculo del poder al convertirse, en 2007, en secretario general de Gobierno durante la administración de Ivonne Ortega Pacheco.

En 2009 dio el salto a la Cámara de Diputados como legislador federal, y en 2012 alcanzó la gubernatura de Yucatán, el máximo cargo político en el estado, impulsado por la estructura priista que durante décadas controló la vida pública local.

Sin embargo, su gestión como gobernador es recordada por críticos y sectores ciudadanos por el endeudamiento del estado, derivado principalmente del proyecto conocido como “Escudo Yucatán”, una estrategia de seguridad que implicó cientos de millones de pesos en deuda y que, según especialistas, dejó más compromisos financieros que resultados tangibles.

A ello se sumó la construcción de obras calificadas como “elefantes blancos”, que consumieron recursos públicos sin generar beneficios reales para la población, alimentando la percepción de despilfarro y mala planeación.

Derrota, pausa y regreso por la puerta trasera

En 2018, Zapata Bello dejó la gubernatura y entregó el poder al PAN, marcando el fin de una era para el priismo en Yucatán. Durante seis años permaneció alejado de los reflectores, mientras el PRI entraba en una profunda crisis nacional y estatal.

En 2024 intentó regresar al primer plano político al contender por una senaduría, pero fue derrotado en las urnas, incluso por quien fue su ahijada política, Verónica Camino Farjat, acompañada por Jorge Carlos Ramírez Marín.

Pese al revés electoral, Zapata Bello logró llegar al Senado por la vía plurinominal, es decir, sin el respaldo directo del voto ciudadano, lo que para muchos representó un regreso por la puerta trasera al poder.

Un senador sin peso ni protagonismo

Desde su llegada a la Cámara Alta, su desempeño ha sido calificado como discreto y gris. Analistas y observadores señalan que Zapata Bello no ha impulsado reformas relevantes ni ha defendido con fuerza los intereses de Yucatán, limitándose a seguir la línea partidista y levantar la mano en votaciones clave.

“No legisla, no propone y no debate. Solo obedece”, coinciden críticos, quienes consideran que su papel se ha reducido al de un operador disciplinado del PRI, sin liderazgo propio ni agenda clara.

Símbolo del viejo priismo

Para amplios sectores ciudadanos, Rolando Zapata Bello representa la imagen del político de carrera que ha sobrevivido gracias al sistema de cuotas, favores y lealtades internas, más que por resultados concretos o cercanía con la gente.

Su trayectoria, marcada por casi 37 años de cargos públicos consecutivos, contrasta con el discurso de renovación y cambio que exige una sociedad cansada de las mismas figuras de siempre.

  1. Mientras miles de jóvenes enfrentan dificultades para acceder a oportunidades laborales, Zapata Bello sigue ocupando posiciones privilegiadas dentro del servicio público, sin rendir cuentas claras sobre su legado.