En un ejercicio de comunicación gubernamental que raya entre lo predecible y lo innecesario, el gobernador Joaquín “Huacho” Díaz Mena anunció como si se tratara de una gran primicia que el lunes 16 y martes 17 de Carnaval no habrá clases, presentando el asueto como un “apoyo social” para las familias yucatecas.
La revelación fue hecha, por supuesto, durante su ya tradicional Facebook Live, ese espacio donde, cuando no hay resultados que presumir, siempre queda el recurso de anunciar lo obvio. Algo así como informar que mañana saldrá el sol, que en verano lloverá o que después de un norte hará frío.
Lo extraordinario de lo ordinario
Vender como un logro gubernamental el descanso escolar de Carnaval habla menos de sensibilidad social y más de la escasez de resultados reales. El asueto de lunes y martes no es una concesión reciente ni una ocurrencia del actual gobierno: es una práctica que existe desde hace décadas en Yucatán.
De hecho, cuando el Carnaval se celebraba en las calles del Centro Histórico de Mérida, el martes de Batalla de Flores implicaba un descanso prácticamente generalizado. No era un favor del gobernador en turno; era simple lógica social y administrativa.
Pero en 2026, al parecer, respetar el calendario escolar se convirtió en política pública de alto impacto.
El “apoyo” que nadie pidió
Calificar el asueto como “apoyo social” sugiere que el gobernador otorga graciosamente un beneficio, cuando en realidad solo está manteniendo una costumbre largamente establecida. La narrativa oficial intenta convertir la normalidad en mérito y la rutina en logro, como si el Ejecutivo estuviera haciendo un sacrificio extraordinario por permitir algo que siempre ha existido.
Hay que tener, dirían algunos, una mezcla peligrosa de cinismo, insensibilidad y descaro para presentar como novedoso lo que es parte de la vida escolar y cultural de Yucatán desde hace generaciones.
Mucho live, pocos resultados
El problema de fondo no es el asueto, sino el contexto. Cuando un gobierno presume lo que siempre ha ocurrido, es inevitable preguntarse qué pasó con las promesas de transformación, bienestar y resultados tangibles.
Quizá por eso los Facebook Live de los lunes y el podcast dominical se han convertido más en relleno comunicativo que en informes de gobierno. Pocos los ven, pocos los escuchan, pero eso sí, sí cuestan al erario, algo que curiosamente nunca se menciona en esas transmisiones.
Carnaval sin confeti político
El Carnaval merece celebración, no propaganda reciclada. Y los yucatecos merecen políticas públicas reales, no anuncios inflados que intentan disfrazar la falta de avances con confeti retórico.
Tal vez, si ya no hay nada nuevo que informar, sería más honesto cancelar los lives, ahorrar recursos públicos y dejar que el Carnaval siga su curso… como lo ha hecho siempre, con o sin anuncios triunfalistas desde Palacio.



