A ello se suma el crecimiento “inexplicable” de su patrimonio personal, que contrasta de manera evidente con su origen humilde y que ha detonado cuestionamientos sobre un posible uso indebido de recursos públicos.
De operador clave a lastre político
Paradójicamente, quien fue pieza clave para la llegada de Joaquín “Huacho” Díaz Mena al poder, tras declinar su propia candidatura en 2015, hoy se ha convertido en un problema político que Morena y el gobierno federal prefirieron cortar de raíz.
Su imagen pública terminó de desmoronarse tras recientes entrevistas en las que evadió responder sobre atropellos laborales y acusaciones directas, confirmando más con sus silencios que con sus palabras.
¿Y ahora qué sigue?
Con la salida de Rogerio Castro de la delegación del Bienestar, se abre la puerta para que instancias de derechos humanos y órganos fiscalizadores profundicen en las denuncias que lo rodean. La gran incógnita es si su caída será solo administrativa o si derivará en consecuencias legales reales.
Por ahora, su caso se convierte en otro ejemplo del desgaste interno, las fracturas políticas y los costos de tolerar abusos dentro de un movimiento que prometió ser distinto, pero que sigue enfrentando los fantasmas del poder mal ejercido.


